Cuando mis hijos eran pequeños, a menudo al subirnos al coche, me pedían que les cantara la canción del filósofo bajito. Era una letra que yo me había inventado sobre un tema de Ana Belén:
Hay un filósofo bajito,
cavernícola y cabezón.
Algo poeta urbano,
algo cronista del corazón…
La persona que me inspiró esa letra era Antonio Saiz Pérez , mi amigo Johnny el Barrenero. Él se autodenominaba, con esa sorna suya tan característica, el último troglodita, en alusión a su lugar de nacimiento. Era un personaje singular, con gran afición a instalarse en la barra, de Nassau o Tropicana, desde donde observaba displicente esa fauna variopinta que pululaba por Alginet en aquella época. Sus definiciones eran contundentes, sentenciando situaciones de forma inapelable, destilando esa fina ironía que lo convertía en un tipo absolutamente genial. ¡Cuántas anécdotas y que pena que se nos fuera tan pronto!


Quizás por eso o por la amistad que desde pequeñas han mantenido mi hija Júlia y su hija Sheila (casi se han embarazado al mismo tiempo), cuando tengo que almorzar en Alginet suelo elegir la Tasca Casa Felipe de Amparo Saiz. Probablemente los anteriores fueran motivos suficientes, pero la verdad es que, fuera de connotaciones sentimentales, en su bar se almuerza ¡de muerte! Unos bocadillos generosos, rebosantes, con el pan rebanado por la mitad, con un producto recién hecho y utilizando siempre proveedores locales de confianza: las carnes de Hermanos Escutia, las verduras de los Hermanos Cuerda, el pan del horno de Salvador Ibor y los huevos, como no podía ser de otra manera, de Micó. A sus proveedores los elige por dos cuestiones muy relevantes, la incuestionable calidad de su producto (aunque ella sabe que lo podría conseguir más barato en otros sitios) y por la proximidad a su local, lo que en ocasiones permite que le puedan servir un pedido a mitad de la mañana, cuando el trajín de la clientela ha sido importante.



A diferencia de otros locales que suelen trabajar con una producción preparada a primera hora, dispuesta en sus expositores para que el cliente elija exclusivamente lo que se le muestra, Amparo tiene una selecta carta de bocatas que elabora al momento. Tampoco tiene inconveniente en prepararte uno a medida (Como una jugosa tortilla de patata y cebolla).



La verdad es que en cuestión de almuerzos yo suelo ser facilón y cuando me ve entrar ya sabe que me tiene que preparar una tortilla a la francesa con bacon, pero si es fin de semana me encanta el de carne de caballo. En ocasiones me he pedido el Pechuguito, de pechuga de pollo, cebolla caramelizada, bacon y una exquisita salsa de miel y mostaza. A parte de los más tradicionales, como el Chivito o la Brascada, también te puedes pedir el de la Casa, con tomate restregado, lomo, champiñón, jamón serrano y salsa verde. Pero si no te gusta lo que ves en carta, invéntate uno que ella te lo prepara al instante, en esos escasos cuatro metros cuadrados de cocina en los que ella se mueve con increíble destreza, entre la plancha, sartenes y cacerolas, para dar el mejor de los servicios.

El Felipe es el bar del carinyet, que es como se dirigen a ti, tanto la propietaria como sus camareras, haciéndote sentir aun más a gusto con ese trato tan familiar y cercano. Seguro que son órdenes de Amparo, a la que le gusta salir a departir con el personal, a última hora de la mañana, cuando el trabajo le permite sus primeros instantes de descanso o cuando les visita alguna celebridad, como los cantantes Francisco o Manu Chao. Por eso tampoco me extraña que el periodista Vicent Marco, en su libro Esmorzars Valencians, después de patearse toda la Comunitat, decidiera incluir este local como uno de sus favoritos.
Que si, que ya se que hay otros locales donde se puede almorzar divinamente, con mi padre suelo ir también al Polígon Nord o cuando vamos a Valencia, al Sena, nuestro bar de siempre en la capital, donde me suelo pedir un bocadillo de lleterola con ajitos.

La Tasca Casa Felipe abre temprano, todos los días, de lunes a domingo, para dar exclusivamente servicio de almuerzos. Sobre las 12h suelen empezar a recoger, aunque he visto llegar en ocasiones a un grupo de ciclistas un poco más tarde y, a pesar de estar recogiendo, darles igualmente de almorzar, que la Saiz, mujer trabajadora y sin complejos, no se arruga por echar un rato más de trabajo.
Los importes, los de siempre: bocata y ‘el gasto’ (Cacauet del collaret, olives o ensalada, doble de cerveza y café, por 8 euros. Puedes pedir que te preparen uno de sus cremaets, que son más que aceptables.
Calle Magallanes, 15
46230 ALGINET (Valencia)

