No sé muy bien de que me viene esa querencia por Teruel, quizás de porque pasamos algunos veranos de mi infancia en Mora de Rubielos, curiosamente en la calle Teruel, en una vieja casona de puerta ojival que debía tener algunos cientos de años. Allí, en un pequeño parque a orillas del Río Mora, discurrieron nuestros juegos infantiles durante esos veranos en los que nos escapábamos de la humedad y los calores valencianos.
Con el tiempo ha sido un destino recurrente de nuestras escapadas, así que hemos ido recorriendo gran parte de la provincia vecina, desde su capital a poblaciones como Navarrete del Río, Tramacastilla, Albarracín, Sarrión, La Puebla de Valverde, La Virgen de la Vega, Rubielos de Mora (la pequeña Corte de Aragón) o nuestro más reciente descubrimiento Veguillas de la Sierra.
Pero sin duda hay un lugar al que siempre acabamos volviendo, Olba. Descubrimos esta población de la comarca Gúdar-Javalambre, en el frondoso valle de Río Mijares, gracias a la casa de nuestra amiga Teresa Laguna: La Casa de los Moyas. Situada a orillas del Mijares, junto al Puente de Carlos IV, joya arquitectónica de la localidad, desde el que se disfruta del encanto natural y la frondosidad arbórea de una rivera extraordinariamente fértil. Su estructura original fue dinamitada por el ejército republicano ante el avance de las tropas nacionales en nuestra pasada contienda civil, aunque posteriormente fue totalmente reconstruido, en la mitad que le faltaba y que es fácilmente distinguible.

LOS BARRIOS DE OLBA
En cuanto la Autovía Mudéjar llega a la provincia de Teruel, hemos de tomar el primer desvío a la derecha para dirigirnos a nuestro destino. La carretera tiene un asfaltado penoso, aunque parece que se está intentando arreglar poco a poco. Tras una extensa planicie de coníferas, la carretera comienza a serpentear, descendiendo hasta hermanarse con el sinuoso y frondoso cauce del Mijares. En otoño, este exuberante paisaje contiene una bellísima gama de colores amarillos, pardos y ocres que tratan de eclipsar los verdes perennes que se resisten al cambio de estación.
Ahí comienza uno de los aspectos más fascinantes de esta población turolense, sus aldeas o como ellos dicen, sus barrios. En las cercanías del núcleo urbano principal, algunas familias fueron construyendo sus viviendas rurales, unos en la parte alta y otros en la parte baja del valle, siempre con el Mijares como elemento cardinal. Esas familias fueron teniendo hijos y estos fueron construyendo sus casas junto a las de sus padres, dando origen a un rosario de barrios con los nombres de sus progenitores: Los Moyas, Los Pertegaces, Los Lucas, Los Ibáñez Altos, Los Ibánez Bajos, Los Villanuevas, Los Tarragones, Los Villagrasas, Los Ramones o Los Giles, entre otros. Los llamados ‘barrios altos’, más alejados del río y situados en la montaña, están abandonados en la actualidad, salvo alguna excepción.
Como curiosidad, aunque el nombre del barrio de ‘Los Ramones’ no tenga nada que ver con la banda de rock, las señales de tráfico con el nombre del barrio han sido objeto de diversos robos, presumiblemente como objetos de culto de los fans de la banda.


Olba
Como os podréis imaginar, la población de apenas 300 habitantes, se asienta escalonada en la parte baja río, con un complicado trazado de calles estrechas y empinadas en las que a veces resulta imposible transitar con el coche, a riesgo de quedarse encajonado. Sus pocos encantos arquitectónicos se limitan a la Iglesia Parroquial de Santa Catalina, en la plaza Mayor, frente al ayuntamiento, también del siglo XVII o la Ermita de San Pedro. La iglesia es un edificio barroco de mampostería y a sus pies se eleva la torre-campanario. El edificio consistorial se asienta sobre cuatro arcos de medio punto, sobre pilares de sillería que forman un porche sobre el que se asienta el edificio de dos plantas.
Sin embargo, es indudable su encanto paisajístico y su clima, que la hacen frecuente lugar de visita los fines de semana y sobre todo en verano. Hay que reseñar que disponen de una flamante piscina municipal y del Multiservicio Rural El Mijares, una especie de badulaque en el que poder aprovisionarse mínimamente y que sirve al mismo tiempo de restaurante de menú. Un lugar para aislarse y disfrutar de la naturaleza, para olvidar el asfalto y los ruidos de la ciudad. Un lugar para leer, pasear y conversar con la familia, amigos o consigo mismo.

La Casa de los Moyas
Nuestra última visita se fraguó sin que yo me enterara y, cuando pensaba en un tranquilo fin de semana en pareja, la cosa acabó siendo una celebración en familia, con toda la familia. La primera intención fue alquilar La Casa de los Moyas, pero este complejo que dispone de tres casas, ya tenía reservada la casa grande, que era la que necesitábamos, ya que disponen también de La Casita, para cuatro personas, y El Ático, para dos/tres personas, aunque nuestra favorita es La Casa, que puede albergar hasta doce o trece personas.
Este ha sido uno de nuestros destinos favoritos. Lo hemos disfrutado tanto en pareja, como en familia o con amigos y seguro que volveremos muchas más veces. Ha sido un proyecto familiar de Teresa y los suyos que han tenido un gusto muy especial para diseñar este espacio de piedra y madera, una fusión de exquisitos detalles en los que la decoración y una cuidada restauración de lo que apenas eran un montón de piedras y algún muro que resistía obstinado al paso del tiempo. Ahora, aquel paraje ruinoso que descubrieron en un paseo de sobremesa, se ha convertido en un alojamiento glamuroso del que han hablado periódicos como El Mundo, El País, las revistas Forbes, Vogue o la Guía Repsol.



El Masico Rural
En esta ocasión tuvimos que buscar otro alojamiento disponible y nuestra prioridad era Olba, así que encontramos este sorprendente Masico Rural. A mi hija le encantó en cuanto vio las fotos, que en ocasiones pueden parecer traicioneras, pero que en esta ocasión reflejaban perfectamente el estado real de la vivienda. Creo que hemos sido uno de sus primeros inquilinos.
Ya cuando desciendes desde la carretera, vista desde arriba, comienzas a enamorarte de esta edificación de dos plantas, con un gran porche y un pequeño prado (bueno, quizás lo de prado le viene grande) dónde dejar jugar a los pequeños de nuestra expedición. En la planta baja hay un gran salón con cocina abierta, despensa, un espacio para la TV (con sofá incluido, claro) y un baño completo. En la primera planta dos habitaciones dobles y una sencilla, además de un pequeño y luminoso espacio con balcón que hace las veces de salita de lectura y que da acceso a la segunda planta con tres habitaciones dobles y también con baño completo.
A pesar del aspecto robusto de la construcción, su interior es cálido y mediterráneo, con un aire ibicenco. Paredes blancas, presencia constante del pino y detalles cerámicos, algunos de aire mudéjar. El equipamiento, tanto en la cocina como en los baños, completaron la buena impresión que nos dio este Masico Rural y que nos han convencido para repetir la experiencia en el futuro.



Por si faltaba algo, la casa tiene un inquilino exterior, un cariñoso gato negro que siempre nos esperaba a la puerta, para darnos los buenos días o las buenas noches. Como nuestra llegada fue la Noche de la Ánimas o lo que ahora se llama la Noche de Halloween, alguien decidió bautizar al pobre minino como Lucifer, pero ni su aspecto ni su comportamiento hacían suponer ningún parentesco demoníaco. A mi mujer se le escaparon algunas lagrimitas cuando lo dejamos al partir.
Logística
Es muy importante en el turismo rural asegurarse de que en tu destino existe una tienda en la que poder aprovisionarse en tu escapada, en caso contrario, además de las maletas, deberás llevarte el aprovisionamiento alimenticio para pasar esos días. Concretamente en Olba existe el badulaque Multiservicio Rural El Mijares, que además te ofrece servicio de habitaciones a precios económicos. Y si te sabe a poco, siempre te puedes desplazar a la cercana población de Rubielos de Mora, la pequeña Corte Aragón, donde además de Jamones Pastor (Cordero, cerdo, embutido de orza y excelentes quesos) o el supermercado Casa Mata, en el que puedes encontrar absolutamente de todo y con una bodega espectacular de vinos y licores.
Epílogo
Mi único reparo fue el precio, me parecía un poco caro, pero esa impresión se disipó en cuanto me di cuenta de que mi mujer había contratado tres noches, en vez de las dos que yo pensaba. Por eso me dijo que le habían indicado que podíamos salir el lunes por la mañana ¡faltaría más! Habíamos pagado también la noche del domingo… Ha sido la noche más cara que hemos pagado nunca para pernoctar nosotros dos, ya que todo el mundo se había marchado el domingo por la tarde.
El Masico Rural, Olba (precios actualizados 2026)
La Casa de Los Moyas | Casa rural en Olba (Teruel)

