ALCOSSEBRE, entre el mar y la montaña

Habíamos elegido nuestro destino en un portal de reservas. Las fotos del apartamento y su ubicación junto al mar nos parecieron perfectos, así que con el coche cargado, con nuestra maleta y poco más, nos dirigimos a esta encantadora ciudad marinera del Baix Maestrat. Pusimos el navegador en marcha y primera sorpresa, cada vez que le introducíamos Alcossebre lo transformaba en Alcalà de Xivert/Alcossebre, generándonos serias dudas sobre si íbamos a llegar a nuestro destino.

Y es que nos encontramos ante un caso muy singular, un dos en uno, pero no se trata de un pueblo y su aldea o pedanía, si no de dos núcleos urbanos que han alcanzado la misma categoría urbana, así finalmente se convierte en un solo pueblo de nombre compuesto desde 1996, cuando el municipio cambia la denominación oficial del mismo por su forma valenciana de Alcalà de Xivert-Alcossebre, aunque los dos núcleos urbanos disten  unos 10 kilómetros el uno del otro.

Originalmente  Alcossebre era la Playa de Alcalà, con un pequeños puerto de pescadores (la historia de los griegos y las esponjas es eso, otra historia) que en la actualidad se ha convertido en puerto deportivo, con un ramal que lo conecta con la urbanización del Poblado Marinero (al estilo de Port Saplaya, para que los de Valencia lo entiendan).

Con una extensión de más de 10 km de costa, donde se pueden encontrar playas de diferentes tamaños y características como Las Fuentes, Carregador, del Moro; Romana, Tres Playas, Tropicana, Serradal o las calas Blanca, Mundina y Ribamar, estas dos últimas unas pequeñas joyas naturales. Alcossebre se acerca al mar entre pinos, con una costa que ondula sobre su nivel, dibujando calas y bajos acantilados que separan sus playas de arena o piedra. Es lugar ideal para largos paseos a pie o en bicicleta, sin perder nunca de vista al mediterráneo, que te va escoltando durante todo el recorrido.

Aunque, si te apasiona la montaña, tienes el maravilloso Parque Natural de la Sierra de Irta, que los separa de la cinematográfica Peñíscola. Si paseas por la Sierra de Irta es inevitable la visita a las ruinas del Castillo de Xivert, conocido como la Fortaleza del Diablo, emplazado en lo alto, dominando el llano y el mar, y que encierra un pasado glorioso desde el que la Orden del Temple gobernaba la encomienda hasta su disolución, momento en el que pasó a manos de la Orden de Montesa. Un recinto de más de 8.000 metros cuadrados, originario del siglo X, que entre sus misterios guarda inscripciones que intrigan a los historiadores. Durante el siglo XVI la fortaleza perdió toda su importancia militar quedando en estado de abandono, ya que en 1609 fueron expulsados los moriscos que lo habitaban.

Pero también puedes subir a lo alto de la sierra para visitar la Ermita de Santa Lucía, que luce en lo alto como un faro blanco en mitad de un frondoso bosque verde. Data del siglo XVII, si bien se tienen noticias de antecedentes como torre vigía que podrían datarse hacia el siglo XVI de la que en la parte posterior del ermitorio quedan algunos restos que actualmente forman parte del conjunto.

O puedes adéntrate por sus empinadas y curvas carreteras para comer o cenar en El Pinar, un restaurante Bib Gourmand de la Guía Michelín que ofrece una fusión de cocina tradicional y de vanguardia. Solo las vistas del local ya merecen la pena.  Y como no podía ser de otra manera, nuestro menú fue de mar y montaña. Tras una acertada ensalada de gambas y vieiras, con aderezo de frutas y cava con naranja, la gastroturista se decantó por una completa mariscada a la plancha (que es como mejor sabe el marisco) y un servidor por el chuletón de ternera (de unos 700 gr. Según la carta) muy tierno, sin maduración (o muy poca), de un sabor excelente y al que quizás le sobró para mi gusto ese toque a romero. Pero su carta es mucho más extensa y ofrece otras posibilidades que seguramente exploraremos en nuestra próxima visita.  También son notables sus arroces, unas quince variedades distintas, incluida la inevitable fideuà. Si la próxima visita es a mediodía, tengo que probar su ‘Arroz de langostinos, sepia y alcachofa de Benicarló’ (en emporada, claro) o su ‘Arroz con rape, sepia y coliflor’ (me trastornan los arroces con coliflor).

Pero Alcossebre tiene una muy completa oferta de restauración, junto a la cocina marinera (lo habitual) descubrimos locales de tapeo, comida japonesa, los inevitables restaurantes chinos, hamburgueserías, pizzerías o aquel los locales que te ofrecen de todo, como uno que rezaba Restaurante, pizzería y hamburguesería, que me produjo el pánico gastronómico solo con verlo. Teníamos alguna visita prevista como el Bar La Maya, curiosamente que el primero que tuvo Alcossebre y que mi amigo Segón Plavi, experto conocedor de la zona, me aseguraba que era el mejor para almorzar creo que tenía razón y con muy buena relación calidad precio, además te hacen trajes a medida, combinando algunas de las modalidades de bocatas que tienen en carta, que ya son muchas. Uno de sus encantos es su terraza, desde la que se contempla un ir y venir de veraneantes/residentes y hacer un estudio de su variada composición. Mucha gente jubilada de otras nacionalidades, que desaparecen en julio y agosto, para volver a recuperar su tranquilidad en septiembre. Algunos jóvenes y especialmente familias con niños.

Respecto de sus hábitos gastronómicos no me atrevo a opinar, que cada uno come lo que le da la gana, pero os cuento un para de casos de vecinos de mesa: Uno un maduro matrimonio alemán en el que el marido pidió un cortado para comenzar y después unos huevos fritos con bacon y un poco más allá una vikinga con trenzas, de unos cincuenta tacos, que se zampó un café con leche acompañado por unas gambas al ajillo y un plato de puntilla.  Creo que ninguno de ellos era inspector de la Michelin, ni de la Repsol.

La noche anterior, a nuestra llegada, mientras recorríamos la calle Vista Alegre, en dirección al Paseo Marítimo, nos topamos con el Restaurante La Maya y, creyendo que se trataba del que nos había recomendado mi amigo, decidimos hacer una cena de tapeo. Aunque no era el mismo local, si era de los mismos dueños y nuestra elección muy acertada. Una carta variada, con abundante oferta marinera y una terraza absolutamente repleta. La dirigía perfectamente Lamia, quien movía su batuta con habilidad para ordenar a los comensales, interactuaba, comentaba y bromeaba con parte de una clientela que parecía habitual. Creo que nuestra encomanda fue excesiva, pero era nuestra primera noche y apetecían los excesos: Mejillones, gambas al ajillo, gamba roja a la plancha, boquerones fritos, y chipirones. En el apartado etílico la cosa tampoco estuvo mal, dos cervezas bien frías mientras esperábamos los mejillones, para continuar  y al más puro estilo guiri, nos plimplamos dos jarras de sangría. Nos hubiera sobrado perfectamente un plato y la segunda jarra, pero ¡Estábamos tan a gusto!

También el shopping tiene cabida en esta población playera y paseando descubrimos Bonissima, una tienda que nos encantó, donde no pudimos sustraernos a la tentación de comprar algo para los niños y alguna de esas camisas multicolor típicas del Gastroturista, porque a pesar de su nombre femenino, la tienda tiene un excelente género para todos los sexos y edades. La dirige Vicky, una valenciana afincada al Alcossebre desde hace 25 años y que ha decidido quedarse en la Costa del Azahar para siempre. El COVID la dejó en el paro, pero ella decidió vencer a la adversidad y se hizo emprendedora. Y le va muy bien: ropa, complementos y bisutería.

Un fin de semana muy completo, ya que junto al descubrimiento de uno de los rincones más bonitos de la Comunitat (mi cuñada Paloma ya nos lo había recomendado hace tiempo) disfrutamos de cosas que no teníamos previstas, como el Alcossebre Yankee 2025, una concentración de clásicos americanos del motor (desde el legendario Corvette hasta el icónico Mustang, del que habían muchos modelos, de los más clásicos a los más modernos), junto con motos Harleys y grandes camiones, con el emocionante espectáculo de Fuerza Strongman.

Nos tuvimos que marchar antes de lo previsto, pero prometimos volver y a ser posible a no mucho tardar, que se nos quedó por comprar la lotería de los veteranos de fútbol, comer en Can Roig o visitar sus otros dos núcleos urbanos, Bicorb y Acalà con su impresionante campanario, el más alto de Castellón y uno de los más altos de la Comunidad Valenciana. Pdro tal vez la XIª Fira de la Tomata de Penjar d’Alcalà de Xivert – El Gastroturista sea una buena ocasión.

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