Ya hace tiempo que vengo coincidiendo con Julio Martínez en los diversos concursos gastronómicos que se organizan en las poblaciones valencianas. Para él, más que una competición, se convierte en un día de divertimento en el que suele coincidir con sus amigos de esa gran familia de la restauración. Por eso y porque la ocasión la pintan calva, el pasado lunes fallero pensé que era una buena ocasión pata acercarse a Llombai a comer en Ca Ladio, su restaurante.
Hace años visitábamos esta población de la Mancomunitat del Marquesat (junto con Catadau y Alfarp) en verano a las verbenas, o en la década de los ’80 para adquirir alguna prenda de piel, tan de moda en esos años y que hicieron proliferar una importante industria en su población, que se veía invadida de compradores los fines de semana, peregrinando por el rosario de tiendas de la calle Maestro Torres y Avenida de Alfarp. Alguna de esas empresas adquirió cierta notoriedad, como la de Gabriel Seguí Peleteros, que murió víctima de su propio éxito, cerrando hace ya bastante tiempo, según algunos con nocturnidad y alevosía.
Más recientemente, el consistorio de Llombai encontró una nueva manera de interesar a los visitantes por esta población de la Ribera Alta, la celebración cada año, a finales de enero, del Mercado Renacentista de los Borja. No en vano, a finales del siglo XV la familia Borja, más conocida por el italismo Borgia, compró la Baronía en 1494. Es decir, que el papa Alejandro VI, además de líder eclesiástico, se convirtió en barón de estas prósperas tierras de la ribera del río Magro.



Carlos I decidió darle a Francisco de Borja, futuro San Francisco de Borja, el rango de Marqués de Llombay, convirtiéndose en el primer marqués de este pueblo, con quien comenzó un drástico cambio en la población, habitada mayoritariamente por moriscos, y desde entonces un importante centro cultural y espiritual de la zona, gracias a la construcción del Convento de los Dominicos y a la Iglesia de la Santa Cruz (desconocido ejemplo del último gótico rural español).
La celebración del Mercado Renacentista combina recreaciones históricas, actividades culturales y una amplia variedad de opciones gastronómicas. El mercado despliega una programación rica en torneos a caballo, batallas épicas, conciertos de época, cetrería, oficios históricos, y mucho más, haciendo las delicias de un público multitudinario que acude durante todo ese animado fin de semana, tanto desde las poblaciones cercanas, como desde la misma capital.
Alejado de ese bullicio, casi donde Llombai acaba, abrazándose a esa fértil ribera de un Magro que baja muy escaso por la Vall dels Alcalans, desde la Hoya de Buñol y la Plana de Utiel-Requena, desde una posición que le permite admirar esa huerta bordada de pequeñas propiedades agrícolas en las que els llombaïns plantan todo tipo de frutas y verduras. Allí reina Julio Martínez, en su discreto local que cumplirá 25 años en agosto y que, no obstante, ha convertido en uno de los templos de l’esmorzar. Muy conocido en la zona, todos convienen en que sus bocatas son generosos y contundentes. Tanto los clásicos, como esas nuevas variantes que él ha ido introduciendo, sobre otros más tradicionales. Así podemos encontrar tres diferentes versiones de l’entrepà de carn de cavall, curiosamente ninguna de ellas con los habituales ajos tiernos. Mi versión era el Canival, de carne de caballo con béicon (o bacon), queso cheddar y un crujiente de cebolla (lleva también patata, pero lo pedí sin), acompañado por una deliciosa salsa argentina ligeramente picante. Mis compañeros de mesa se decantaron por otra de las versiones, el Canalla, con mayonesa, patatas fritas, carne de caballo, cebolla, pimentón huevo frito y queso rallado. Una combinación más frecuente fue el Ladio, de lomo con mayonesa, huevo frito y jamón.



Una completa ensalada y el cacahuet del collaret completaron el menú, junto con unas cuantas jarras de cerveza. Al final no podía faltar el famoso cremaet de ron que prepara personalmente Julio, junto con algunos chupitos de la mistela Ladrón de Lunas, del amigo Fernando Martínez, una de las mejores de la Comunidad Valenciana.
A pesar de que las fiestas pillaron a los Martínez a traspié, no esperaban tanta concurrencia, disfrutamos de un espectacular almuerzo que permito recomendar con todas las garantías. A la calidad del producto debemos añadir la amabilidad de los Martínez, Julio y su hija Julia, así como la de Luisa, que nos atendió en mesa. Ahora nos queda la asignatura pendiente de probar sus arroces (yo ya he probado alguno en los diferentes concursos), además del que nos prepararon, con kaki, él y Salva Barberá, de Tabick Lounge, en Sabors de Temporada de El Corte Inglés.
Bueno, y lo que no pienso perdonar de ninguna manera es su famoso flan de cremaet, así que tenemos que volver pronto.



Julio regenta su local, junto a sus hijas, que su mujer goza de un merecido descanso, o no, ya que ahora anda ocupada criando nietos (y no se yo que trabajo de los dos será más cansado). Como ellos no tienen página web, aunque si los puedes encontrar en Facebook, os paso la dirección y el teléfono por si tenéis interés en acercaros un día de estos.
CA LADIO
Verge dels desamparats,10
Llombai. Valencia
962 55 03 32
Bodegas y Viñedos Ladrón de Lunas. (ladrondelunas.es)
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