Si, lo reconozco, yo soy un niño de la riada. Nací cuando apenas habían transcurrido dos semanas desde que Valencia fuera devastada por las aguas en aquel mes de octubre, siempre octubre. A pesar de que muchos no lo vivimos, mi generación nació con el estigma de aquella catástrofe, por eso a los nacidos en aquel año 1957 se nos conoce como la Quinta de la Riuà. Por eso, mucho me temo, que mis nietos Aleix y Berta pertenecerán esta nueva Quinta de la DANA, moderno nombre con el que ahora hemos bautizado a estas catástrofes atmosféricas, con el tránsito intermedio de la Gota fría. Aún recuerdo aquella fatídica del 82, con la rotura de la Presa de Tous, que anegó toda La Ribera, desde Tous y Alberic, hasta Cullera, pasando por una devastada Alzira. Curiosamente, en aquella ocasión la cantidad de lluvia fue muy superior a la actual, más de 1.000 litros, aunque las consecuencias en esta ocasión han sido mucho más letales.

Toda mi generación ha crecido con el recuerdo de la Riada del 57, escuchando mil historias al respecto. Aunque mi pueblo no estuvo afectado recuerdo a mi padre contándome como iban a Valencia a llevar alimentos a su tío Alfonso, el padre de las Canuto, que lo pasaban francamente mal en la capital. Todos hemos visto señales pintadas en las paredes de ‘hasta aquí llegó la Riada’, que se convirtió en título del libro escrito por Paco Pérez Puche y más tarde en obra teatral. Una desgracia que nos acarreó muchos problemas y pocas soluciones, que se demoraban. Tuvo que subirse al escenario del Teatro Principal, don Martín Domínguez Barberá, ilustrado renacentista y naranjero de Algemesí, según mi amigo Vicente Lladró, y a la sazón director del periódico LAS PROVINCIAS, para denunciar ante las autoridades del régimen y emitido en directo por Radio Valencia, su discurso titulado Valencia, la gran silenciada. Cuando enmudecen los hombres… ¡hablan las piedras!, en el que denunciaba la actitud del gobierno central por su falta de implicación con la ciudad después de la tragedia que la había asolado cinco meses antes. Esta encendida soflama, durante la presentación de la Fallera Mayor de Valencia, le costó su puesto como director del periódico, pero consiguió acelerar las inversiones para recuperar la ciudad y la puesta en marcha del Plan Sur, ese que sufragábamos los valencianos con los sellos de 25 céntimos (de peseta, claro) cada vez que mandábamos una carta desde Valencia.

Quizás ahora aprendamos aquella lección y emprendamos esas obras previstas desde finales del siglo pasado, las presas en el río Magro y Vilamarxant o el encauzamiento del Barranco de Poyo, entre otras, olvidadas irresponsablemente en un cajón por los gobiernos de España y que ahora habrían evitado sensiblemente los daños sufridos por las poblaciones afectadas. Y lo que hubiese tenido un coste de 250 millones de euros, supondrá ahora una reparación cuantiosa daños, sin valorar, como dice José Luis Torró, ‘que no hay dinero capaz de reparar la muerte de más de doscientos valencianos’.
Mi nuera Teresa dice que me obsesionado con las cañas y es verdad. Vamos a seguir con esa nefasta política ecológica que impide limpiar ríos, cauces y barrancos, quienes entienden del tema hidrográfico conocen bien cuales han sido las consecuencias de los millones de cañas arrastradas por el agua. Son plantas invasivas de rápido crecimiento y gran capacidad de expansión. En los últimos años se han multado a nuestros agricultores por usarlas como soporte de les tomaqueres, entre otros productos de la huerta. Y aunque en los cañaverales aniden diversas especies de aves, su presencia se ha convertido en un elemento que ha agravado de manera letal a las aguas desbordadas.
Pero vista la sesión que hoy mantenían nuestros políticos en las Cortes Valencianas, veo que no han entendido nada. Es más, no han aprendido nada. Se siguen lanzando barro unos a otros sin dedicarse a quitarlo de las calles. Ojalá entiendan y lo hagan rápido, que no es esa la actitud, el camino ya se lo han enseñado miles de voluntarios, solo falta que se arremanguen y dejen de intentar sacar rédito político de nuestra desgracia.

Esta semana, como cada miércoles a las 19:30 horas, El GastroTurista tenía una cita en las ondas, en la 99.9 Fm Valencia Radio, y como en el programa anterior, lo dedicamos a hablar con esos héroes anónimos que han dedicado a ayudar en la tragedia, a Juanjo Rausell y su Gremio de Panaderos y Pasteleros de Valencia, quien recibió una llamada el mismo día 29 de octubre a la una de la madrugada, era la asesora de la alcaldesa Mª José Catalá, tenían a mucha gente en el complejo de La Pechina y en la Alquería del Basket, a parte de 600 personas más que llegaban caminando desde la Pista de Silla. Había que alimentarlos a todos y ellos pusieron en marcha sus hornos y comenzaron a elaborar pan. Aún lo siguen haciendo.
Otro de nuestros invitados, Edu Torres, el reconocido gurú del arroz Molino Roca, quien recibe la llamada del chef José Andrés ‘Edu, ponte las pilas, estoy llegando y hay que cocinar, tenemos que dar de comer a la gente’. Y en plena zona cero aparece con su ONG WCK (World Central Kitchen), un equipo de primera respuesta ante necesidades alimentarias, proporcionando comidas en estas catástrofes. José y Edu, junto con un grupo de WhatSapp de 50 cocineros, comienzan a cocinar y a hacer llegar sus guisos a damnificados, voluntarios, policías, bomberos y militares. Llevan más de 14 días cocinando 45.000 raciones diarias (entre bocadillos y comidas de caliente), que aún siguen elaborando y durmiendo apenas 3 horas diarias. Nos contaba Edu que el martes, el alcalde de Picanya, Josep Almenar, ‘quería que dejáramos ya de colaborar, pero José Andrés, con toda la educación del mundo, le puso en su sitio y consiguió retomarlo una semana más. En Picanya estamos dando de comer a 18.000 personas diarias’.
Jaume Vilà y su La Cantina de Ruzafa también estuvo en programa contando como, un modesto local con un esmorzaret diario de 7,50€ y un menú artesano de tan solo 11€, se constituyeron en un centro logístico, junto con cientos de vecinos del barrio, para cocinar y dar de comer desde el primer día. Aportando entre todos los productos necesarios y con otras colaboraciones de proveedores de toda España.

También desfilaron por el programa Lidia Garrido y su padre, José Garrido, quien consiguió salvar milagrosamente su vida esa fatídica tarde del 29 de octubre, cuando se encontraba en el horno de Paiporta y mandó a sus empleadas a casa. Él se quedó para cerrar, pero cuando intentó marcharse ya le fue imposible. Resistió toda la noche encaramado al mobiliario del horno, intentando respirar el poco de aire que se acumulaba en el techo del establecimiento, hasta que, de madrugada, cuando comenzó a bajar el agua, le rescató un vecino. Su firma es DON PA Artesans, tienen 9 establecimientos y 3 obradores, de los cuales 7 han quedado totalmente devastados por la DANA. ‘El de Valencia esta cerrado ahora, ya que simplemente era un despacho de pan, que se servía desde el obrador central de Albal. El único que mantenemos en funcionamiento es el de Cullera’ nos relataba Lidia, pero como ella dice ‘gracias a Dios estamos vivos, que es lo importante, aunque en una situación muy delicada, porque además de nosotros dependen 50 familias, pero afortunadamente estamos recibiendo mucha ayuda de todos’. Hoy Lidia estaba contenta, WCK les había facilitado una foodtrack desde la que seguir regalando pan durante al menos diez días.
Cuando ya íbamos a despedir el programa comentamos la acción emprendida por el Gremio para recaudar fondos para sus asociados y Juanjo Rausell quiso recordar una anécdota que nos emocionó a todos ‘Aquí ha venido pan de toda España, de Jaén, de Barcelona, de Teruel, de Cuenca, de Alicante, de Castellón, pero había gente que quería apoyar económicamente, por eso hemos abierto esa cuenta solidaria para ayudar directamente a los establecimientos damnificados. Hoy mismo hemos recibido una aportación económica desde el Gremio de Panaderos de Asturias que incluía una aportación de MIL euros de una niña de 12 años, hija de panaderos, que los ha ingresado de su bolsillo, de sus ahorros’.
Estamos salvados, porque recordad que solo el pueblo salva al pueblo.

