HOY QUIERO HABLAROS DE VALOR Y CORAJE

El pasado jueves todo transcurría con normalidad, teníamos una paella solidaria y nuestro compañero Miguel Ángel Pastor se tuvo que marchar antes. À Punt le mandaba un taxi para que participara esa tarde en un programa dedicado a Bruno Lomas. Se fue sin apurar los postres. Al rato nos llega un whatSapp al grupo, se ha suspendido el programa, parece que hay un incendio y están emitiendo las imágenes en directo. Así comenzó todo, la tarde se llenó de humo y tristeza, por eso ahora necesito contar esta historia, para reivindicar el trabajo de esas personas, aunque una web de gastronomía y turismo no parezca el marco más idóneo.

De camino a casa iba escuchando las emisoras de radio y comprobando que aquello era mucho más que un incendio. Te alarmas al pensar que alguien de tu familia puede estar metido allí dentro y efectivamente, allí está. Muchos bomberos no estaban de guardia, pero les fueron llamando a partir de las 17:30h para que estuvieran alerta. Pero todos, absolutamente todas las dotaciones de los parques de bomberos, fueron apareciendo poco a poco en el cuartel. Ellos también habían estado escuchando las noticias y sabían que el asunto se estaba descontrolando rápidamente y les iban a necesitar.

Llegar y enfundarse rápidamente el traje de faena: botas, pantalón, chaqueta, casco, arnés y linternas. Su cuerpo deberá soportar unos 12 Kg más. Poco a poco se van llenando los vehículos que los llevarán a Campanar (salieron varios esa tarde). A medida que se acercan el humo y el fuego les va advirtiendo de que la cosa es realmente muy peligrosa. Cuando llegan allí comienzan a comprender horrorizados la magnitud de la tragedia que comienza a tomar cuerpo. Saben que hay varios equipos de compañeros allí dentro y los nervios les hacen sudar las palmas de las manos, ellos también quieren entrar para echar una mano, o las dos o lo que haga falta, saben que les necesitan.

Y comienzan los relevos, van cogiendo la botella de aire, el equipo de respiración y los walkis (otros 20 Kg que deberá soportar su cuerpo) que han dejado los compañeros que acaban de salir, con claras muestras de cansancio y desesperación. En muchos casos no han podido cumplir su objetivo y eso les jode el alma. El manual dice que debes acceder al inmueble siniestrado con un objetivo, o apagar el fuego (siempre se apaga mejor desde dentro) o salvar vidas. Ambas cosas resultan cada vez más imposibles. El nuevo equipo accede al interior. Van por parejas, con la mano sobre el hombro del compañero que va delante para no extraviarse. No se ve nada a menos de un metro de distancia. El bombero avanza mientras escucha su propia respiración en primer plano, después las instrucciones que les transmiten sus jefes por los walkis, con el susurro de fondo de las llamas que les advierten de que al mínimo descuido les abrasarán, a pesar de que sus trajes puedan resistir temperaturas de hasta 500º. Algo te golpea el codo, es una placa del techo que se ha desprendido, tu compañero se gira al notar tu sobresalto, pero con un gesto le confirmas que todo va bien y sigues avanzando. Te comunican que al parecer hay un superviviente en la planta 9ª, pero tú has llegado a la 6ª y las llamas te impiden avanzar. Intentas localizar otras vías de acceso, por los walkis te dicen que busques la escalera B, pero no sabes donde está. Sigues avanzando. Mentalmente cuentas los pasos y los giros que vas haciendo (15 pasos y giro a la derecha, continuas 8 pasos más y abres una puerta a la izquierda), tratas de memorizarlo por si hay un derrumbe y tienes que salir pitando. Son como las miguitas de pan del cuento, pero con las pulsaciones a cien y todo el cuerpo empapado por el sudor y el traje mojado por el agua de las mangueras con las que los compañeros tratan de sofocar a la bestia ardiente. El traje mojado aun pesa más, les cuesta desplazarse sobre los cascotes. De repente comienza a sonar un pitido intermitente, es el indicador que les advierte de que se les está acabando el aire de la botella. Tienen muy pocos minutos para salir y no quedarse atrapados. Fuera su jefe les pregunta si están bien y si quieren repetir, todos contestan que están bien (aunque en la cara se les lea que no) y que quieren volver a entrar. Habitualmente solo se realiza una entrada, pero este es un caso excepcional y el bombero está hecho de una pasta diferente.

Por los walkis comienzan a escuchar el mensaje de un compañero que se ha quedado atrapado, les pide que lo despidan de su familia y comienza a despedirse también de ellos. Aquello comienza a reventarles por dentro. Otro de sus compañeros pilla el equipo y se va decidido a por él, le ordenan que no lo haga, pero él no escucha, su compañero le necesita. Otros bomberos también comienzan a articular mensajes de despedida ‘Compañeros, hasta aquí llegamos. No entréis a por nosotros‘. La desesperación e impotencia comienza a minar su moral. De repente ven que dos de ellos comienzan a descolgarse por la fachada, les gritan para darles ánimo. Pero sigue habiendo un compañero, al que han abandonado sus fuerzas, tendido en algún lugar. Y lo consiguen, llegan hasta él sacándolo arrastras hasta la terraza del entresuelo, desde donde lo arrojan a la colchoneta que han preparado en la calle.

En medio de esa locura, un bombero ha conseguido acceder a una de esas viviendas para salvar a una persona mayor tetrapléjica que aún permanecía en el interior. El no quiere reconocimientos, es su trabajo y lo volvería a hacer otras mil veces. Su natural discreción le hace permanecer protegido por un discreto anonimato.

Mientras en la fachada y retransmitido en directo por todas las televisiones, sigue el intento de rescate de una pareja que se ha refugiado en la terraza, a los que siguen refrescando sin cesar con un potente chorro de agua, si paran se abrasarán. Finalmente consiguen acercar otra escalera con canasta. Con el palo/manivela del toldo rompen el cristal y consiguen salir indemnes tras haber pasado las dos peores horas de su vida.

Durante más de siete horas estuvieron los bomberos peleando una batalla desigual contra unas llamas enloquecidas fustigadas por la fuerza del viento y alimentadas por un recubrimiento traidor. Probablemente nunca repetirán una experiencia como esta, porque a ellos les duele en el alma la pérdida de esas diez vidas a las que no llegaron a tiempo de socorrer. Su balance: 7 bomberos en el hospital. Dos por contusiones, uno con la muñeca rota y el resto por quemaduras o intoxicados, pero ninguno grave.

Por eso ahora, desde el sosiego de estos días y tras escuchar algunos comentarios publicados en algunos medios de comunicación, pienso que es necesario contar el incendio que no han podido mostrar las cámaras, más cruel y virulento. Con unos tipos con un par de pelotas que han caminado entre brasas, cegados por el humo y amenazados constantemente por un fuego abrasador, que llegó a alcanzar los 800º, y que se merecen nuestro más absoluto respeto. Y sobre todo porque ellos también tienen una familia que les estaba esperando y que no sabía exactamente que estaba sucediendo. En mi familia respiramos aliviados cuando a las 4:00h de la madrugada supimos que nuestro bombero estaba sano y salvo en casa.

Después de todo su abnegado sacrificio rindo mi pequeño homenaje a todos cuantos intervinieron. Policías, Cruz Roja, Protección Civil, UME, personal sanitario… pero especialmente al Cuerpo de Bomberos de València y sus compañeros del Consorcio Provincial de Bomberos, que tampoco dudaron en colaborar en la extinción.

Sabéis que he pensado estos días… ¿En qué pasaría en este país si en vez de políticos tuviéramos bomberos?

 

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