Mis devaneos con el mundo del vino comenzaron en el 2000, al incorporarme como jefe de publicidad al, por tercera vez extinto, DIARIO DE VALENCIA. Mi director se empeñó en publicar un coleccionable con el pomposo título de LA GRAN ENCICLOPEDIA DEL VINO VALENCIANO. Digo pomposo porque en aquella época la actividad vitivinícola era una dedicación incipiente. Nuestras bodegas comenzaban a embotellar dejando atrás sus ventas a granel a otras denominaciones de origen ¡Cuánto bobal habremos bebido junto con el tempranillo de La Rioja!
Hace poco recordaba que a José Mª Gandía le costó un gran disgusto con su padre cuando le dijo que iba a comenzar a embotellar sus vinos. Pensó que su hijo se había vuelto loco y que aquello iba a suponer la ruina de su familia, lejos de eso, su CASTILLO DE LIRIA se ha ido convirtiendo en un vino icónico que supuso el fulminante despegue de la bodega.
En aquel momento, cuando nacía este sorprendente nuevo siglo, me recorrí casi todas las bodegas valencianas teniendo ocasión de conocer a personajes significativos del actual mundo del vino, como los Pablos, Calatayud que aún no había embotellado su primer vino o al otro Pablo, el berciano Ossorio que en aquella época andaba por Murviedro. Era una época de efervescencia vitivinícola que hacía presagiar que los vinos valencianos la iban a liar gorda.
Al final aquella entrega por fascículos no se materializó, pero me permitió conocer a un sector que ha ido adquiriendo una importante notable en la enología española y finalmente también en las cartas de nuestra restauración. Yo os recomiendo un ejercicio, cuando vayáis a comer pedid siempre vinos valencianos, o vermuts valencianos o cavas de Requena. Y cuando hable de valencianos incluyo lógicamente también a Utiel-Reque, Alicante o Castellón (que no se me quede fuera mi amigo Vicente Flors). En estos veintitantos años hemos asistido al nacimiento de bodegas y vinos. Proyectos que, a poco de nacer, comienzan a ganar reconocimientos en concursos y certámenes obteniendo puntuaciones impensables hace pocos años.


DOS SIGLOS DE PASIÓN POR EL TERRUÑO
Uno de esos casos es el de CLOS DE LÔM, esta bodega de Fontanars, propiedad de la familia Serratosa Caturla tiene unas 300 hectáreas de viñedo en las que ha venido trabajando estos últimos años Pablo Ossorio, dirigir la elaboración de sus vinos. La bodega se fundó con la filosofía de elaborar vinos singulares que transmitieran la esencia de su tierra, empleando técnicas tradicionales respetuosas para la vid y su entorno, en la Vall dels Alforins, arriesgándose a transitar caminos poco conocidos, nuevas rutas por las que nadie se había atrevido a pasar antes.

Fruto de esa osadía fue su primera presentación de cuatro grandes vinos monovarietales de añada: Malvasía 2018, su rosado de Monastrell, y sus tintos de Tempranillo y Garnacha. En ese momento ya nos sorprendieron a todos, especialmente el tempranillo del que Pablo dijo que era el mejor que había elaborado. En el 2020 suben un peldaño y llega Isidra, el nombre de la bisabuela de la generación actual, un nuevo vino de guarda con el que pretenden homenajear a las mujeres de la familia. Un tinto de garnacha y tempranillo que ha estado doce meses en barricas nuevas de roble francés y americano.
HA NACIDO UNA ESTRELLA
Ayer nos hicieron muy felices cuando todo el equipo de la bodega, capitaneado por Lucía Serratosa, nos presentaron su último producto, que ya presagiaba algo importante: Clos de Lôm, Casa Las Monjas. Un vino de una pequeña parcela de cuatro hectáreas de viñedos viejos en vaso de Monastrell, cosechado en 2019 y que ha dormido durante 24 meses en barricas nuevas de roble francés (de las buenas que decía Osorio), para finarlo doce meses más en botella. El resultado es un vino elegante, serio, perfectamente integrado, delicioso, de textura agradable y toques tostados. Un vino muy gastronómico que ya ha obtenido, aun antes de su presentación oficial, la calificación de sobresaliente con 95 puntos en la Guía Intervinos 2023, una de las más importantes del panorama español.La presentación ha estado sumamente cuidad, tanto la selección de su botella tipo borgoña, como su etiquetado, un proceso que ha vigilado especialmente la gerente Lucía Serratosa, para que el resultado fuera redondo: ‘Estamos muy ilusionados con todo lo que está sucediendo en nuestra bodega. Somos muy optimistas con todo lo que está por venir’. Solo dos pequeños detalles: de este vino se han seleccionado solo 2.440 botellas y, aunque su PVP va a ser de 39 €, no se va a poder adquirir en tienda, distribuidos en Valencia por Javier y Marina Vilana (Exclusivas CASVI) van a ir íntegramente destinadas a la restauración. Búscalo, vale la pena encontrarlo, prometo hablar con Javier y publicar el listado de restaurantes donde lo puedes tomar.


